DIAGNÓSTICO DE LA EMBOLIA PULMONAR

Diagnosticar una embolia pulmonar no siempre es fácil.

Después de preguntar al paciente sobre el episodio y sobre sus antecedentes médicos, así como de realizar una exploración física completa, se pueden solicitar pruebas complementarias. Hay pocas de estas pruebas que solo sirvan para diagnosticar la embolia pulmonar. Dentro de las mismas, los análisis de sangre pueden ser útiles.

Los resultados de los análisis de sangre no son específicos, es decir, si las pruebas son negativas no se puede descartar la presencia de una embolia pulmonar, pero si son positivas tampoco es seguro que la haya.

La radiografía de tórax pocas veces es concluyente, ya que salvo la embolia pulmonar masiva (en la que se aprecian verdaderos infartos del pulmón) sólo suele apreciarse escaso líquido en la cavidad pleural derecha o, lo más frecuente, ningún hallazgo llamativo. Son otras las pruebas de imagen más concluyentes:

Anteriormente se consideraba que la gammagrafía de ventilación/perfusión era la mejor prueba para diagnosticar la embolia pulmonar. Sin embargo, hoy en día se considera que el TAC multicorte es el método más adecuado para diagnosticar una embolia pulmonar.

Por desgracia, en muchos casos sólo obtendremos pruebas que o “descartan” o “no confirman” la presencia de una embolia pulmonar. Por ese motivo, la sospecha clínica del médico es clave. Una vez confirmado el diagnóstico, el médico realizará otros estudios para identificar el origen del coágulo (trombo) que ha originado la embolia pulmonar, siendo los más básicos el ecocardiograma, la ecografía de las piernas y el estudio de los factores de la coagulación.