Tratamiento

Cuando se produce una trombosis venosa, se instaura inmediatamente el tratamiento con medicamentos que reducen la capacidad de coagular la sangre (fármacos anticoagulantes), a fin de frenar el crecimiento del coágulo y evitar que se pueda romper, y de este modo evitar las complicaciones como la embolia pulmonar, posibles secuelas o que se repita el evento.

La trombosis venosa profunda de las piernas, así como la embolia pulmonar, son las manifestaciones más frecuentes y también más peligrosas de trombosis venosa. Su tratamiento incluye dos fases importantes:

  • Tratamiento agudo o inicial para frenar el crecimiento del coágulo e impedir que se fragmente, y que pueda producir una embolia pulmonar
  • Tratamiento a largo plazo para evitar que se repita el evento y minimizar las secuelas.

En el tratamiento agudo de ambas presentaciones de la enfermedad, la anticoagulación inicial se instaura inmediatamente después del diagnóstico, siendo una heparina, concretamente la heparina de bajo peso molecular, el tratamiento de elección) y, a continuación o a la vez, se inicia la anticoagulación oral con antagonistas de vitamina K. Ambos tratamientos conviven y cuando la coagulación se ha estabilizado se retira la heparina y el paciente continúa con la anticoagulación oral.

El tratamiento agudo tiene como objetivo frenar el crecimiento del trombo, que éste se pueda romper, y así evitar complicaciones como la embolia pulmonar, y viene a durar unos 5-10 días.

El tratamiento agudo de la trombosis venosa va seguido de un período de tratamiento más largo (tratamiento a largo plazo) basado en la anticoagulación oral con antagonistas de la vitamina K, a excepción de poblaciones como embarazadas, pacientes con cáncer, pacientes que no toleran los antagonistas de la vitamina K, donde el tratamiento de elección son las heparinas de bajo peso molecular. Este tratamiento va destinado a evitar que se repita el evento y minimizar las secuelas. En términos generales, en la mayoría de los casos son tratamientos que van de 3 a 6 meses, pero en ocasiones puede extenderse hasta años o de manera indefinida. En casos muy excepcionales puede considerar incluso la colocación de filtros en la vena cava que a modo de “colador” evitan que los trombos formados en las piernas o la pelvis lleguen al corazón y de ahí sean impulsados a los pulmones.

En casos graves de embolia pulmonar, se emplean tratamientos para disolver el coágulo directamente. Esta modalidad de tratamiento se denomina fibrinólisis o terapia trombolítica. En casos de extrema gravedad puede incluso intentarse extraer mediante una operación quirúrgica el trombo de los principales troncos de la arteria pulmonar, si bien es un procedimiento sumamente agresivo con importante riesgo vital. Después de superar el episodio, los pacientes tendrán que recibir tratamiento de forma prolongada de forma ambulatoria así como realizar controles durante meses.