SÍNTOMAS Y DIAGNÓSTICO

Trombosis venosa profunda y superficial

La trombosis venosa profunda suele manifestarse con hinchazón, enrojecimiento y calor en la extremidad afectada, síntomas que pueden ir acompañados de dolor severo. De modo característico, en el caso de que la pierna sea la extremidad afectada, este dolor se localiza en el pie, la pantorrilla o en la parte posterior de la rodilla y cede parcialmente con la elevación de la pierna afectada.

En este caso el enrojecimiento o inflamación de la piel a lo largo de una vena que está justo debajo de la piel es más fácil de identificar y se aprecia hinchazón y calor en la zona. Hay sensibilidad o dolor a lo largo del trayecto de la vena que está justo debajo de la piel, que empeora al presionar. En ocasiones la vena se convierte en un cordón sólido fácilmente visible.

En el caso de que haya una sospecha de trombosis venosa profunda o superficial, su médico indicará las pruebas necesarias para la confirmación del diagnóstico. Las más empleadas son las pruebas de imagen, siendo la ecografía de la zona afectada añadiendo modo Doppler la de elección, mediante la cual se evalúa el flujo sanguíneo. En caso de dudas razonables, y de modo cada vez más excepcional, puede llegar a ser necesaria la inyección de contraste radiológico por las venas para detectar si existe un trombo o no (flebografía).

Una vez confirmado el diagnóstico, se comenzará el tratamiento con fármacos que reducirán la capacidad excesiva de coagular de la sangre (fármacos anticoagulantes) para evitar que el trombo se haga más grande, que se pueda romper, y de este modo evitar las complicaciones como la embolia pulmonar, posibles secuelas o que se repita el evento.

Asimismo, su médico además analizará individualmente su caso y realizará investigaciones acerca de la existencia de factores de riesgo que hayan desencadenado el desarrollo de trombosis venosa.

Embolia pulmonar

La sintomatología de la embolia pulmonar (también llamado tromboembolismo pulmonar) puede ser variada, pero en la gran mayoría de los casos incluye algún tipo o grado de dificultad para respirar. Evidentemente, la clínica varía en función del tamaño del trombo y del número de vasos a los que afecta (por ejemplo, una trombosis de la arteria pulmonar nada más salir del corazón es letal, mientras que pequeñas trombosis de sus últimas ramas pueden pasar desapercibidas). Otro factor clave es el estado de salud previo, ya que puede condicionar en gran medida la sintomatología y el pronóstico.

El término médico para hacer referencia a la dificultad respiratoria es “disnea”. La práctica totalidad de enfermos con embolia pulmonar tienen mayor o menor disnea, que se hace más evidente con cualquier tipo de esfuerzo. Si la embolia pulmonar es importante, el paciente también experimenta un intenso dolor en el pecho, continuo y que se agrava al respirar profundamente, toser o inclinarse. Característicamente aparece taquicardia (frecuencia cardiaca aumentada, por encima de 100 latidos por minuto) y tos que puede incluso tener restos de sangre. El paciente percibe una evidente sensación de malestar general, pudiendo incluso marearse o notar sudoración fría con palidez, entumecimiento o color azulado en las extremidades.

Después de interrogar al paciente acerca del episodio y de sus antecedentes médicos, así como de realizar una exploración física completa, se pueden solicitar pruebas complementarias. Es importante reseñar que muy pocas de ellas son absolutamente específicas para el diagnóstico de la embolia pulmonar. Dentro de las mismas, los análisis de sangre podrán revelar niveles bajos de oxígeno en sangre con descenso de los niveles de CO2 (hipoxemia con hipocapnia) y elevación de productos generados por un exceso de coagulabilidad (D-dímeros).

Estos datos son inespecíficos, es decir, otras causas también pueden dar esos resultados. Si las pruebas son negativas no se puede descartar la presencia de una embolia pulmonar, pero si son positivas tampoco es seguro que la haya.

La radiografía de tórax pocas veces es concluyente, ya que salvo la embolia pulmonar masiva (en la que se aprecian verdaderos infartos del pulmón) sólo suele apreciarse escaso líquido en la cavidad pleural derecha o, lo más frecuente, ningún hallazgo llamativo. Son otras las pruebas de imagen más concluyentes:

Anteriormente se consideraba que la gammagrafía de ventilación/perfusión era la mejor prueba para diagnosticar la embolia pulmonar. Sin embargo, hoy en día se considera que el TAC multicorte es el método más adecuado para diagnosticar una embolia pulmonar.

Por desgracia, en muchos casos sólo obtendremos pruebas que o “descartan” o “no confirman” la presencia de una EP. Por ese motivo, la sospecha clínica del médico es clave. Una vez confirmado el diagnóstico, el médico realizará otros estudios para identificar el origen del coágulo (trombo) que ha originado la embolia pulmonar, siendo los más básicos el ecocardiograma, la ecografía de las piernas y el estudio de los factores de la coagulación.